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EL NUEVO MUNDO QUE NOS ESPERA. Los bancos de tiempo.
Vivimos en la actualidad un incierto horizonte lleno de incógnitas. Durante los últimos tiempos, muchos acontecimientos han escapado al control de la sociedad y la ciudadanía. Los mercados se han apoderado de la voluntad y del interés general de las personas. Hemos pasado del Ser al objeto y hemos olvidado el auténtico significado de proteger y preservar los derechos fundamentales. Es hora de cambiar, de recuperar nuestro tiempo, de recuperar nuestra libertad.
Hoy, se presentan ante nosotros nuevas iniciativas encaminadas a recuperar la soberanía de nuestro tiempo. Iniciativas inconformistas y combatientes con el horizonte actual donde se pone de manifiesto la necesidad de un cambio en la forma de entender el mundo. Iniciativas que luchan porque el ser humano recupere los derechos que en un pasado tanto nos costaron conquistar y que han secuestrado los mercados del Sistema capitalista imperante. Debemos recuperar nuestro tiempo.
Por ello, los bancos de tiempo se presentan como una nueva alternativa hacia un futuro prometedor. Es el comienzo de la andanza hacia una nueva forma de concebir nuestra realidad. Se trata de entender que cada ser humano es exclusivo, único, tiene sus propias motivaciones e intereses, sus propias circunstancias y realidad. En definitiva, no somos simples números a contabilizar. Somos mucho más que algo cuantitativo. Somos cualidad.
Sin duda, este es el máximo exponente y apuesta de este tipo de iniciativas. Un proyecto sólido de futuro que apuesta por recomponer los lazos sociales que nos unen en la comunidad, valorar a cada persona desde sus particularidades y habilidades. Y es que, una sociedad desunida es un objetivo vulnerable para “los lobos” (“El hombre es un lobo para el hombre”. Thomas Hobbes). Nuestra auténtica fuerza radica en la unión, en la conjunción de voces, en la presión del conjunto. La sociedad es como una cadena que ha de unir sus eslabones para conformar la “línea roja” de lo inaceptable. No bastan con palabras de compromisos políticos. Realmente, si queremos preservar el bienestar social, esta labor la tenemos que realizar nosotros, los de “abajo”, los que realmente albergamos el poder y la fuerza de trabajo, los que realmente hacemos que el Sistema se perpetúe y las instituciones del Estado cobren sentido.
Necesitamos cambiar las cosas, no sólo por nosotros, sino por los que vendrán. Nuestro planeta se encuentra en peligro, pues cuanto más avanza nuestra historia de los errores y el consumismo masivo, parece ser que menor importancia mostramos por él, despreciando sus propias capacidades y poderes, tanto de albergar la vida como de sustituirla o eliminarla en la larga cadena de la evolución y del darwinismo.
Un banco de tiempo es más que un simple proyecto, es una nueva forma de comprender y entender el mundo, es un salto en la evolución de la inteligencia humana y un compromiso con el futuro. Es un nuevo Sistema.
A través de los bancos de tiempo se está gestando un nuevo tipo de economía que entiende el mundo como algo finito, frágil y limitado. Una economía solidaria a todos los niveles que trata de resolver las auténticas necesidades humanas y no las generadas por un mercado interesado. Una economía que entiende “el trabajo para vivir” y no el “vivir para trabajar”. Se trata de entender que nuestro tiempo es nuestro, y de nadie más. Podemos compartirlo, pero no le pertenece a nadie. La esclavitud institucionalizada ha de entender que el tiempo del servilismo ha terminado, pues estamos más que preparados para recoger el testigo del nuevo mundo que queremos para nosotros y para las generaciones venideras.
Hoy más que nunca, el cambio ha de empezar desde nosotros, desde cada uno. Por el futuro que nos merecemos, por el nuevo mundo que nos espera.
LA RELATIVIDAD DE LOS TIEMPOS. La esencia de la vida.
Que diferente puede ser la percepción de los tiempos según las personas y el momento en el que se hallen. En una cuestión tan sencilla, se hallan la esencia de lo cualitativo y lo cuantitativo, la esencia del tiempo humano y del tiempo que disponemos para vivir. Es la relatividad de los tiempos, es la propia experiencia y esencia de la vida de cada una de las personas.
Son tanto los sentidos que recibe nuestro cerebro de la rutina diaria, que no es posible albergar todos los estímulos que percibimos de nuestra interacción con el entorno. Sólo aquellos momentos que significaron algo diferente, especial, que “hicieron volar nuestro tiempo” o “detuvieron el paso de nuestro tiempo” son los que recordamos y almacenamos en nuestra memoria con más claridad y calidad de detalles. Es fundamental vivir el presente, pero igual de crucial es no olvidar el camino por dónde hemos venido, aquellas experiencias y recuerdos que han moldeado nuestra persona en el presente. Y, sobre todo, aquellas experiencias que nos hicieron crecer como persona, sean buenas o malas según nuestras propias motivaciones e intereses.
Cuantitativamente, desde una perspectiva objetiva, sesenta minutos son sesenta minutos. Sin embargo, el tiempo es tan frágil que cuando más lo disfrutamos es cuando más se escapa de nuestras manos, al igual que la arena de playa escapa en nuestros dedos. El primer beso de una joven, el atardecer de una primavera, el abrazo de un amigo, el calor de una agradable conversación, los dedos entrecruzados de una pareja que pasean hablando de un futuro cargado de ilusiones, el nacimiento de un hijo, hacer el amor bajo un cielo estrellado.
Y, al contrario, cuanto más deseamos disponer de nuestro tiempo, cuando más secuestrados entendemos que está nuestro tiempo, éste escapa tan lentamente de nuestra percepción que parecen eternidades esos sesenta minutos. Y es que, nadie está a salvo de que “prevariquen con su tiempo”. Esta cuestión, normalmente es adyacente a figuras de poder impuestas por la historia y cultura del territorio: una persona mayor, un o una ponente, un profesor/a, un padre y/o madre, un político, un patriarca o “cabecilla”, una matriarca, una autoridad religiosa, etc.
Todas estas cuestiones, a pesar de su parte cuantitativa, siempre estarán sujetas a la visión egocéntrica de la persona. Y, a su vez, precisamente lo cualitativo del tiempo hace que cada día sea una nueva aventura en busca de esos minutos inolvidables que volaron de nuestras manos. El sabor y regusto de aquellos segundos inolvidables es lo que realmente cuenta para nosotros. Nada más que por ello, merece la pena seguir luchando por tener un nuevo amanecer cargado de esperanzas.
Por ello, os deseo un feliz regreso a las labores de vuestra rutina. Pero sobre todo, lo que deseo es que paséis vuestro tiempo de la manera más feliz que sepáis.
¡Que vuele vuestro tiempo!
LA ESENCIA DE LA NAVIDAD. Nuestro tiempo es el mejor regalo.
Un año más nos encontramos en el periodo festivo de la navidad. Es un momento de reencuentro para muchas personas con familiares, amigos y amores. Es un momento para sentir el calor de aquellos que nos quieren y nos desean siempre lo mejor.
En estas fechas, muchas personas encuentran el momento de reunión perfecto y deseado. Tras meses de trabajo constante e incluso de trabajo deslocalizado fuera de nuestra tierra y nuestra gente, además de las rutinas que nos envuelven y nos abducen, encontramos por fin momentos para disfrutar y reír. Argumentos para abrazar y llorar de emoción, para sentir una vez más el cariño de aquellos que nos importan de corazón. Y es que, como en su día reseñó Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”. Y es aquí donde convertimos la navidad en el nexo de unión que, por muy lejos que estemos o nos sea imposible tener tiempo, por fin encontramos el momento de reencontrarnos de nuevo un año más, en un mundo que avanza cada vez más rápido y a la vez se convierte en un lugar más pequeño.
Sin embargo, en los últimos tiempos, parece que el “espíritu de la navidad” ha sido suplantado por el avaro de los cuentos de Chales Dickens y, los sentimientos de amor y reunión han menguado con el paso de los años, suplantados por presentes de alto coste que poco aportan a las personas que lo reciben. No podemos perder el espíritu de estas festividades, puesto que es nuestro y nos pertenece. Debemos evitar cometer de nuevo los errores clásicos de nuestra historia. El dinero y los regalos costosos nunca dieron la felicidad. Si acaso una fugaz y temporal sensación de euforia que desaparece al poco tiempo, e incluso de nuestros propios recuerdos. No es duradero, no es importante.
Pero, en lo más profundo de nosotros, si hay cosas que recordamos de navidades pasadas, cosas verdaderamente importantes hasta el punto de que siempre nos pertenecerán, ese recuerdo es nuestro y de nadie más. Se puede compartir pero jamás comprar, se puede escuchar pero jamás sentir. Es recordar aquella charla con nuestro abuelo, el beso de una madre, el brindis de unos amigos, los consejos de unos tíos, la vida de los niños jugando en un salón, o la anécdota graciosa que ha ocurrido y es cómplice del momento. Eso es lo que realmente perdura. Por ello, quizás el mejor regalo que podemos dar es nuestro propio tiempo, somos nosotros mismos. Porque el desembolso de capital jamás fue una forma de demostrar el cariño y el amor.
El dinero es cuantitativo, nuestros sentimientos cualitativos y esto jamás podrá ser comparable por mucho que así lo deseen. Se pueden comprar cosas materiales, pero jamás se podrá comparar con lo que realmente somos como seres humanos. Creo que aquí radica la auténtica esencia de estas fiestas.
Por ello, me despido de todos hasta año 2015, deseándoos una muy felices fiestas rodeada de todos aquellos que representan la esencia de lo que somos. Regalad vuestro tiempo, jamás lo olvidarán.
"SÓLO SE TRATA DE FE". La expansión de los bancos de tiempo por el mundo.
En un nuevo mundo, donde el ser humano ha atesorado y amasado el tiempo al igual que el capital, donde las barreras de la lógica estallaron ante la falta de sentido y sentimiento de lo cualitativo, un mundo donde dejamos de tener esperanza en un futuro para convertirnos a seres sin sueños que solo se sustentan sobreviviendo al presente, surge la oportunidad de los bancos de tiempo, pues bien es sabido que de cada crisis nace una oportunidad de crecer, mejorar e incluso cambiar aquellas cosas que nunca debieron ser.
¿Qué hermosa naturaleza podría ser esta que estamos describiendo? ¿Realmente un banco de tiempo podría aspirar a tanto? ¿Caminamos hacia la utopía del cambio? Finalmente todo se reduce a una sencilla cuestión de creencia: tener fe.
Pongamos un ejemplo aclaratorio: ¿qué valor tiene un billete de 5 euros? ¿Y una estampa de la virgen con calendario por detrás? ¿Qué son ambas cosas? Desde una perspectiva cualitativa, ambas albergan un valor, mayor o menor según la persona, la cultura, el territorio, etc. Pero, desde una perspectiva cuantitativa, simplemente se trata de papel. Tiene el valor que nosotros queramos darle. Esta es, en pocas palabras, la esencia del Sistema. Un conjunto de procesos normalizados en torno a la creencia común de funcionamiento del entorno. (Chic García, G.:2009)
Por ello, la iniciativa del banco de tiempo tendrá las repercusiones que la sociedad, en la medida de su implicación, quieran darle. Si una sociedad normaliza el intercambio de horas, es una sociedad que interacciona y apuesta por un nuevo modelo de intercambios (o de Sistema). Por tanto, es un territorio donde se genera sinergia positiva para que siga generándose este tipo de funcionamientos e intercambios, paralelamente al Sistema convencional de consumo, e incluso es posible que aumenten el número de iniciativas en esta línea como viene ocurriendo normalmente desde que se ponen en marcha los bancos de tiempo.
Realmente, un banco de tiempo no tiene como objetivo el cambio de Sistema. Básicamente porque esto es imposible a los niveles de globalización a los que funciona el mundo hoy en día. Por tanto, quede bien claro que la principal función es la de reconstruir las redes sociales informales que el individualismo extremo ha deshecho en tiempos anteriores. Pongamos un ejemplo aclaratorio: “una vecina en un pueblo le compra el pan a una persona con dificultades motrices”, o “cuida de la mascota de otro vecino por cualquier causa”. Formalizar desde el trabajo de los bancos de tiempo sobre las redes informales, da garantías para que se siga velando de cara al futuro en defensa de los vínculos sociales, pues en parte es una forma de reconocer la existencia de las redes sociales como un factor fundamental del territorio y de la propia naturaleza humana.
Estos ejemplos, poco visibles en la realidad social de los grandes núcleos urbanos, son los lazos que tratamos de recomponer. En este sentido, hacemos una clara diferenciación entre los conceptos de empleo y trabajo: El empleo es la parte más cuantitativa. Es la inversión de tiempo que se espera de la mano de obra para mantener el Sistema. Por otra parte, el concepto del trabajo es la parte más cualitativa de la inversión del tiempo, pues lo más importante es la aportación que realizamos a sociedad en la que estamos insertos. El tiempo lo determinamos nosotros.
Poco a poco, existe un avance de los bancos de tiempo en el horizonte global. La realidad y dureza de este momento de la historia ha hecho que el ser humano encuentre formas y capacidades que apuntan a un cambio de mentalidad. En este contexto, estas iniciativas de tiempo son grandes valedores de la reestructuración de las redes sociales y, por ende, actúan en detrimento del individualismo que ha alimentado la existencia de un capitalismo salvaje tal y cómo lo conocemos. Un capitalismo que, lejos de ser un Sistema fiable, denota ser dañino y perjudicial sobre todos aquellos que se encuentran insertos en su red. Sigamos este camino que hemos iniciado, caminemos juntos hacia la utopía (E. Galeano). Juntos, tenemos el poder de cambiar lo que queramos, pues como se dijo al principio de esta lectura: “simplemente se trata de fe”.
"Tuve un sueño" por Gregorio de Frutos Reos
Publicación del 4/12/2014 para blog digital TIMEREPUBLIK
Un remoto día de nuestro pasado nos atrevimos a soñar. Soñábamos con un presente donde teníamos un empleo, un hogar y una familia. Soñamos con una vida donde se "trabajaba para vivir" y existía tiempo para tener una vida social. Soñamos un mundo donde "el tiempo para amar" sobraba, soñamos con un mundo donde "el tiempo de nuestras lágrimas" fuera agridulce y donde el fruto de la desesperación no nos diera "tiempo para llorar" amargamente por el presente que se nos escapa entre los dedos.
Un día de nuestra historia reciente, el sueño terminó. Sacudimos nuestros ojos y nos levantamos en un mundo frío y oscuro, donde el ser humano perdió la noción de su existencia. Donde las promesas del pasado se hicieron añicos en el presente y donde el futuro perdió su color y su horizonte: se presentó ante nosotros "el tiempo para el desengaño".
Un día del pasado más cercano, cerramos los ojos, buscando "tiempo para añorar" en la gran incertidumbre del presente. Mientras rápidamente esos sueños pasaban casi de manera inconsciente despidiéndose ante nosotros, descubrimos el "tiempo de la nostalgia", "el tiempo de la ira" y "el tiempo de la desesperación".
Un día del presente, con los ojos más abiertos que nunca, volvimos a soñar. Tuvimos "tiempo para observar" y "tiempo para reflexionar", incluso se nos agotó "el tiempo para esperar". Un día tuvimos "tiempo para creer" que otro mundo es posible y ahora, en este presente, es el "tiempo para cambiar", es el "tiempo para luchar" por el futuro que nos han arrebatado, es el "tiempo para andar" en una nueva dirección, para tomar nuevos caminos y rutas. Es "el tiempo para volver a soñar" que otro mundo puede ser posible, porque nos lo debemos a nosotros, porque se lo debemos a la memoria de nuestro pasado, porque se lo debemos a nuestros hijos.
Es el tiempo de una nueva forma de entender nuestro nuevo mundo, es el momento de los "bancos de tiempo".